Sus lágrimas se
confundían con el agua procedente del torrencial aguacero que, de un momento a
otro, había empezado a caer.
En tan solo diez
minutos, se metió en su coche, el cual tenía aparcado enfrente de la Galerie Chappe, en la calle André
Barsacq.
Estaba empapada
de la cabeza a los pies y tenía muchísimo frío, además de un profundo dolor en
la rodilla, pero todo eso no le importaba ahora.
No paraba de
pensar en cómo habían cambiado las cosas. Hacía tan solo una semana, ella era
una chica totalmente distinta a quien era ahora.
Pero, por primera
vez en toda su vida, tenía muy claro lo que debía hacer.
Arrancó el coche
y cogió el volante con determinación: ya se sentía con fuerzas para continuar.
Tenía muy claro adónde iría, pero estaba a más de cuatrocientos kilómetros de
su destino y no sabía si su coche podría aguantar un viaje tan largo. Merecería
la pena intentarlo.
Mientras iba
conduciendo bajo la lluvia, millones de recuerdos inundaban su mente. Evocaciones
relacionadas con la última semana, y con los insólitos sucesos que la
acontecieron…
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