domingo, 3 de febrero de 2019

CAPÍTULO 8: De la paciente favorita del doctor


-          ¿Qué haces aquí? – preguntó Sophie, con la boca seca y el corazón ardiendo.

Por mucho que intentase frenar ese sentimiento, no podía.
Era muy extraño, tan solo había visto a Joey un par de veces en toda su vida y, sin embargo, sentía que cada vez que le veía, el mundo entero se detenía.

No podía creer, y ni siquiera se lo quería reconocer a sí misma, que en tan poco tiempo se pudiese sentir algo así por nadie.

-          Tan solo… paseaba – contestó Joey, dudando un poco antes de hacerlo. Parecía que estaba buscando una excusa para estar allí – He estado investigando un poco esta tarde sobre cómo es este pueblo y sus alrededores y… de tanto andar estaba agotado…  Uff ¡Este banco es realmente cómodo!

El chico rio mientras agitaba la cabeza, como pensando “¿a quién quiero engañar?”

Se puso serio y empezó de nuevo.  

-          Lo cierto es que quería ver qué tal estaba tu tobillo. Me he quedado preocupado después de esta mañana…

-          ¿Me estás vigilando? – preguntó Sophie, con una media sonrisa.

-          ¡Nooo! ¿Yo? ¡Para nada! – exclamó él, mientras se le escapaba una risa nerviosa. No obstante, inmediatamente recuperó la compostura y reiteró – ¿Cómo estás? ¿Te sigue doliendo el tobillo?

-          Pues… un poco, pero ya menos – contestó, intentando que su tono de voz fuese relajado mientras expresamente desatendía sus ganas de acercarse más y más a él – Hice caso a tus consejos.

-          ¿Ah, sí? – preguntó Joey, con sorpresa – ¿Y funcionó? Bueno, es evidente que sí, estás estupenda, bueno, quiero decir que se te ve mejor que esta mañana…
Sophie se fijó en que Joey parecía azorado. Ella reprimió un suspiro.
-          En fin, gracias por venir a verme – dijo, casi en un susurro.

-          ¡No ha sido nada! Tenía que ver cómo estaba mi paciente favorita…

-          ¿Favorita? – Sophie rio con ganas, ocultando su nerviosismo. ¡Estaba segura de que le estaban temblando las manos! – ¿Eso se lo sueles decir a todas?

-          No, solo a ti.

Joey la estaba mirando directamente a los ojos, muy serio. Transmitía verdad en lo que decía.

Se levantó súbitamente del banco y dio un par de pasos hacia ella.

Sophie estaba paralizada. Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.

Él le puso con delicadeza una mano en su cintura. Ella se olvidó de respirar por un momento. Supo que estaba totalmente a su merced.

Joey la miraba con una mezcla entre ternura y emoción. Pero había algo más, algo que Sophie seguía viendo en él y que no dejaba de intrigarle desde que le había visto esta mañana a la salida de la cafetería: era como un deseo que Joey no llegaba nunca a expresar.

-          Sophie, tengo que…

El móvil de Sophie vibró entre sus manos justo antes de empezar a sonar fuertemente: Max otra vez.

Dudó, pero creía que tenía que descolgar la llamada. A fin de cuentas, pensaba, con esta vez Max le había llamado ya tres veces. Probablemente estuviese preocupado por ella.

Sintió un pinchazo de culpabilidad al darse cuenta de que no estaba siendo justa con Max.

-          Lo siento, tengo que cogerlo – enunció Sophie, volviendo en ese instante a la realidad.

-          No pasa nada – contestó Joey, sacudiendo la cabeza con rapidez y mirando hacia abajo. Parecía decepcionado. ¿Qué es lo que le habría querido decir?  – Yo también tengo que irme – atrás había quedado toda la emoción mostrada hacía un segundo y ahora mismo su tono de voz era como un témpano de hielo. Se fijó en el móvil de ella y, dándose cuenta de que un tal “Max” le estaba llamando, le dijo de una manera bastante cortante, a modo de despedida – Contesta Sophie, puede que sea importante.

Sophie no quería separarse de él, quería decirle algo más, aunque solo fuera una cosa, algo que le retuviese un poco más junto a ella. Su móvil seguía sonando. Tenía que cogerlo…

-          Hola Max, ¿qué tal estás?

-          ¡Mi chica! ¿qué tal estás, preciosa?

Nuevamente, Sophie rechinó un poco los dientes al escuchar “mi chica”. Aún no eran nada y, sin embargo, él se empeñaba en llamarla así una y otra vez.

-          Bien, Max. Perdona por no haberte cogido antes el teléfono, pero es que he tenido un día liado.

-          ¡No te preocupes! ¿Cómo está tu padre?
Sophie agradeció que Max tuviera el gesto de preguntarle.

-          Hoy he pensado mucho en ti, ¿sabes? – enunció Max, con mucha efusividad.

-          ¿Ah, sí? – preguntó Sophie, muy sorprendida – ¿Y eso por qué?

-          He visto un reportaje en la tele sobre Berlín, y he recordado que a ti te encantaría ir al año que viene allí… ¿y, sabes? ¡Me encantaría hacer ese viaje contigo!

A Sophie se le ablandó el corazón. Realmente, parecía que a Max ella le importaba mucho.

Ahora todavía se sentía peor que antes.

Con su actitud hacia Joey, estaba jugando con los sentimientos de otro chico que solo quería conquistarla.

Pero ¿qué sentía por Max exactamente?

La respuesta aún no la sabía, pero quería averiguarlo antes de dejarse llevar por la descarga eléctrica que recorría su cuerpo cada vez que pensaba en Joey.

De repente, sintió la necesidad de terminar la conversación con Max.

Se estaba agobiando bastante. Debía poner en orden sus sentimientos.

-          Lo siento, Max, tengo que colgarte. Hablamos en otro momento.

-          Vale, pero…

Antes de que el chico pudiera terminar la frase, Sophie había colgado.

Al otro lado del teléfono, Max se había quedado con la palabra en la boca. Dean, su amigo, le estaba mirando con una sonrisa sarcástica.

-          ¿Lo ves? – preguntó éste – Como tú mismo dijiste, Sophie no es una chica fácil. No conseguirás acostarte con ella. ¡Perderás la apuesta!

-          Eso ya lo veremos – sentenció Max.

-          Cuidado, hermano, a ver si, de tanto insistir, vas a terminar enamorándote de ella.

-          ¡No seas imbécil, Dean! Los dos sabemos que ella y yo jugamos en ligas distintas. Sophie jamás me podría interesar… pero si gano la apuesta, Jacob tendrá por fin que cerrar esa boca enorme que tiene, y además, me tendrá que dar 300 pavos. ¡El negocio es redondo!

Los dos amigos, en ese momento, estaban hablando mientras fumaban en la puerta de un bar.

Un par de chicas pasaron a su lado y se los quedaron mirando con una sonrisa sugerente.

Una de ellas se mordió un labio, mirando con deseo a Max y provocando que éste ardiera en su interior.

Max y Dean las miraron de arriba abajo y entraron con ellas al pub. ¡Esa noche se lo iban a pasar bien!

Sophie acababa de entrar en su casa, pero no dio ni dos pasos cuando le abordó su madre.

-          ¿Quién era ese chico tan guapo, Sophie?

-          ¡¡Mamá!! – exclamó Sophie, con tono quejoso – ¿Por qué eres tan cotilla?

-          ¿Cotilla yo? ¡Anda ya! – exclamó Giselle, con los ojos chispeantes de la emoción - Pero cuéntame, ¿quién es?

-          ¡Nadie, mamá! – exclamó ella, con agotamiento – Solo ha venido a ver cómo estaba porque esta mañana me ha arrollado sin querer con la bici.

-          ¡Ah, entonces sí que es alguien! ¡Antoine, tu hija tiene un pretendiente! – exclamó Giselle, desatendiendo las quejas de Sophie.

-          ¿Cómo? – preguntó el padre, en voz alta desde el salón, mientras se acercaba a las dos – ¿Dónde está mi 9 mm?

-          Ya estamos… – Sophie negó con la cabeza. Sus padres siempre hacían lo mismo: ¡se entrometían demasiado en su vida privada!

-          ¡Antoine, no seas así! – exclamó Giselle – La niña tiene derecho a ser feliz.

-          ¿Qué tal la rehabilitación, papá? – preguntó Sophie, en un intento por desviar el tema de conversación.

-          ¡Genial, hija! ¡Estoy hecho un toro!  – exclamó –Y ahora, dime ¿qué intenciones tiene ese chico contigo?
Sophie se rindió y empezó a subir las escaleras rumbo a su habitación.

-          Chicos, me voy a la cama. Es tarde y estoy agotada después de la noche de ayer.

Ya en su habitación, Sophie no podía dejar de preguntarse qué era lo que Joey la habría querido decir y deseó con todas sus fuerzas volver a verle lo antes posible.

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PREÁMBULO

Sophie iba corriendo por la calle. Sus lágrimas se confundían con el agua procedente del torrencial aguacero que, de un momento a otro, ...